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Escrito por Fany
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miércoles, 05 de septiembre de 2007 |
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La Santa Compaña: la peregrinación de los muertos. Aunque a muchos nos suene este nombre por el título de un disco de Mago de Hez, ¡Uy perdón!, quería decir Mago de Oz; la verdad es que la historia de la Santa Compaña es mucho más. También conocida como Hüeste o Güestia (procedente de la palabra latina Hostis que significa enemigo). La Santa Compaña es el nombre que se le da en Galicia al grupo de ánimas en pena, vestidas de blanco o envueltas en sudarios, formadas en dos hileras y descalzas, que salen en procesión en busca de alguien que pase a formar parte de sus filas. Sólo se les puede observar por delante y no se les puede dar la espalda. Por detrás, están huecas. No emiten ningún sonido, sólo se les puede reconocer por en tintineo de la campanilla, los cantos de sus rezos y por la tenue luz de las velas que llevan y que jamás pueden ser apagadas. El espectro mayor es conocido como Estadea, aunque también se dice que el personaje que va en cabeza suele ser un vivo que ha tenido la desgracia de encontrarse con la Compaña y se ha visto obligado a incorporarse.
Básicamente, las razones por las cuales la Santa Compaña puede aparecer son cuatro:
- Para reclamar el alma de alguien que morirá pronto.
- Para reprochar a los vivos sus errores.
- Para anunciar a alguien la muerte de un conocido suyo.
- Para cumplir una pena impuesta por una autoridad del más allá.
Y las formas de protegerse de esta procesión de no muertos son:
- Apartarse de su camino, no mirarles o hacer como que no se les ve.
- Hacer un círculo con la estrella de Salomón o una cruz dentro y entrar en él.
- Tirarse boca abajo y esperar sin moverse, aunque la Compaña pase por encima.
- No coger ninguna vela que nos ofrezcan, pues implica unirse a la procesión.
- Y por último, lo que haría cualquiera si ve a un montón de muertos paseando por la puerta de su casa: correr.
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Modificado el ( jueves, 27 de marzo de 2008 )
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Escrito por Carlos
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sábado, 13 de enero de 2007 |
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En las décadas que quedan entre los siglos XIX y XX, pocos madrileños alcanzaron la fama que logró Garibaldi, un auténtico "curdas" contumaz, que durante muchos años deambuló por las calles de la capital discurseando sobre los grandes temas de la nación con la insistencia de un político y despertando, por lo general, mucha más expectación, mucho de borracho y parte de filósofo. Es Madrid ciudad bravía que, entre antiguas y modernas, tiene trescientas tabernas.... !! Y una sola librería !!. Esta redondilla describe bastante bien el Madrid de la época. Aunque esta conocida redondilla corresponde a siglos anteriores, Garibaldi era borrachín y analfabeto, confirmando que la desproporción que señala el epigrama hay que aceptarla como válida para muchas otras épocas de nuestra ciudad. El pintoresco personaje de esta historia se llamaba realmente Baldomero, y antes de ser famoso por el apodo que le hizo célebre le decían el Cubero, pues esa era su profesión durante los espacios de lucidez que su excesivo amor al vino le permitía. Vivía por las Cambroneras, un barrio marginal en los arrabales de la ciudad situado en las proximidades del puente de Toledo, más o menos en la zona que hoy ocupa el estadio Vicente Calderón. Aquellos andurriales quedaban por entonces en tierra de nadie, pues si no eran campo abierto, tampoco pertenecían al casco urbano que apenas sobrepasaba las Rondas. Estaban habitados por individuos de los últimos peldaños de la escala social, así que debemos suponerle avecindado entre aguadores, lavanderas y traperos. Pincha en el título del artículo o en "Leer mas..." para conocer la increible historia de este pintoresco personaje.
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Modificado el ( jueves, 27 de marzo de 2008 )
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Escrito por César
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martes, 27 de marzo de 2007 |
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Existen dos vertientes distintas sobre el origen del nombre de la “peseta” aunque pudiera suponerse que fue una derivación de la palabra francesa “piecette” cuyo significado es pieza o de la palabra italiana “pezzeta” que también significa pieza, estos orígenes se descartan aunque hay dudas entre otros dos, el castellano o el catalán.
El origen catalán establece como origen del término “peseta” a la palabra “peçeta”, diminutivo de pieza “peça” nombre de unas antiguas monedas de plata.
Otras teorías determinan que la moneda debe su nombre a la palabra “peso”, moneda que circulaba por América y Filipinas. De todos modos, provenga del catalán o el castellano, el sufijo pes-“eta” es catalán pero su uso era habitual en toda España.
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Modificado el ( jueves, 27 de marzo de 2008 )
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Escrito por César
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sábado, 25 de noviembre de 2006 |
Se dice que la tapa nació a causa de una enfermedad del Rey español Alfonso X el Sabio, que se vió obligado a tomar pequeños bocados entre horas, con pequeños sorbos de vino. Una vez repuesto, el Rey Sabio dispuso que en los mesones de Castilla no se despachara vino si no era acompañado de algo de comer para evitar las habituales borracheras pues por aquél entonces los escasos recursos económicos no permitían comidas suficientemente ricas en proteínas.
Otra historia habla de que Estando Alfonso XIII de visita en la provincia de Cádiz y al para en una venta pidió una copa de Jerez. Para evitar que entrara suciedad en la copa (por que en la antigüedad las tabernas estaban bastante descuidadas), al pedir el rey otra copa por supuesto fue con tapa y de ahí se extiende la historia hasta hoy. Una propuesta más consiste en que esta denominación se aplicaba a las lonchas de chorizo, lomo salado, queso o jamón con que se tapaban los chatos de vino en las tabernas del sur de España. Esta tradición se consolidó en Andalucía a finales del siglo XIX y con el paso del tiempo se extendió a toda España. La finalidad de esta costumbre era despertar el apetito y la sed de la clientela para que consumieran más.
Según los historiadores la costumbre de tapar las jarras o los chatos de vino con lonchas de embutido responde a una orden real, en tiempos de los Austrias, que prohibía tomar el vino sólo. Los taberneros se vieron obligados a tapar la jarra con un trozo de pan con un poco de embutido o queso. Esto servía de indicativo para demostrar que el comensal era cristiano viejo si no se negaba a comer cerdo.
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Modificado el ( jueves, 27 de marzo de 2008 )
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Escrito por Alberto TITO Pintos
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domingo, 16 de marzo de 2008 |
Hernando Arias de Saavedra fue, quizás, el último representante del espíritu de la conquista en el Río de la Plata y su nombre debe inscribirse junto al de aquellos que lucharon y dedicaron su vida a colonizar y evangelizar estas lejanas comarcas que constituyeron uno de los confines más alejados del imperio español.  Hijo de esta tierra, había nacido en Asunción del Paraguay, cabeza de la gobernación del Río de la Plata, el 10 de septiembre de 1561. Fue su padre el capitán español Martín Suárez de Toledo y su madre doña María de Sanabria, por lo que era nieto por vía materna del adelantado don Diego de Sanabria y de doña Mencia Calderón de Sanabria, rica dama española que trajo su fortuna al Paraguay. Hernandarias fue además, medio hermano de Fernando de Trejo y Sanabria, que hacia fines del siglo XVI era obispo del Tucumán y uno de los fundadores de la Universidad de Córdoba. Don Hernando, hombre culto, prudente y generoso, de caballerescos modales y grandes iniciativas, era sumamente versado en historia romana, que según algunos historiadores, llegó a sus manos a través de las tan comunes abreviaciones españolas de aquellos días. Educado en el convento franciscano de su ciudad natal, tuvo por maestro a Ruy Díaz de Guzmán, célebre historiador de la época, autor de “La Argentina o Historia de la Provincia del Río de la Plata” (1612). Como todo individuo de buena cuna y elevada educación de aquellos tiempos se cree que dominó el latín y que fue versado en otras materias. Integrando las milicias de su ciudad natal, marchó muy joven a la guerra contra las tribus fronterizas que hostigaban a la población cristiana. Según cuenta la tradición, para evitar mayores derramamientos de sangre, retó al cacique enemigo a un duelo cuerpo a cuerpo y en el combate le dio muerte, sufriendo tan solo unas pocas lesiones. Hernandarias se enroló en la expedición a la Ciudad de los Césares organizada por el gobernador Abreu (1578), participó en la fundación de Salta, formando en las milicias de don Hernando de Lerma y estuvo a cargo del ganado destinado a la segunda fundación de Buenos Aires emprendida por su futuro suegro, don Juan de Garay, a quien acompañó como cabo segundo en su expedición a las sierras de Tandil y de la Ventana. A los 20 años de edad, se casó con la hija del adelantado, doña Jerónima de Contreras y se fue a vivir a Santa Fe, donde estableció su residencia.
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Modificado el ( martes, 25 de marzo de 2008 )
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