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Hernando Arias de Saavedra, Conquistador y Gobernante |
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Escrito por Alberto TITO Pintos
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domingo, 16 de marzo de 2008 |
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Página 2 de 3 De vuelta en Asunción, Hernadarias dictó ordenanzas sobre la base de las que impusieran oportunamente don Alvar Núñez Cabeza de Vaca y Domingo Martínez de Irala, organizando pueblos con asientos mucho más favorables, a cargo cada uno de un protector, pagando y sosteniendo al sacerdote encargado de la enseñanza religiosa. Nueve años después, el padre Luis Bolaños recorrió las regiones civilizadas, fundando las primeras reducciones franciscanas de aquellos lares: Caazapá y Yutí.
El 20 de junio de 1596 el Rey Felipe II designó gobernador a don Diego Rodríguez Valdez y de la Banda, ello tras la definitiva renuncia de Juan Torres de Vera y Aragón. Tras una prolija y ordenada administración de los fondos públicos, Hernandarias dejó su primer gobierno, pero regresó en 1597, tras el fallecimiento de su titular, en la ciudad de Santa Fe.
El 12 de enero de 1603, fue designado por el virrey del Perú para un tercer período, para júbilo de la población, que se deshacía en elogios a su persona. La gobernación se hallaba vacante desde el 12 de agosto del año anterior. Una de las primeras decisiones de Hernandarias fue emprender una nueva expedición en busca de la mítica Ciudad de los Césares, hecho que anunció a través de pregones en todas las ciudades de la gobernación. Organizarla le llevó cerca de seis meses, reuniendo 130 soldados, 600 vacunos, igual número de caballos y unas setenta carretas con sus respectivos bueyes, además de 600 indios auxiliares.
La expedición partió de Buenos Aires el 1 de noviembre de 1604, internándose en el inmenso desierto pampeano, para seguir los rastros de la legendaria expedición de Francisco César, soldado de Solís, que dio origen a la leyenda.Tras recorrer 150 leguas, los españoles llegaron a las márgenes de los ríos Colorado y Negro y costeando siempre sus riberas, alcanzaron Choele Choel y el territorio donde en la actualidad se encuentra la ciudad de Gral. Roca. Habían explorado un vasto territorio, descubierto importantes salinas y fértiles valles y confirmado la dominación de España en aquellos territorios, en lo que fue un antecedente más que notable de la conquista del desierto, todo ello, después de batir a los indios que los superaban en número de diez a uno.
De regreso en Buenos Aires, ciudad a la que este gobernador elevó de categoría e importancia, contribuyó con energía, proveyendo de carretas, bueyes y víveres, a equipar la expedición del gobernador de Chile Mosquera, que venía proveniente de España, encomendado para hacer la guerra a los araucanos. Ocurrió que Mosquera actuó con soberbia y su soldadesca incurrió en graves desmanes contra la población, motivando su reacción violenta.
De la mano de Hernandarias, Buenos Aires logró sustentarse de su propio comercio con el Brasil. Fue él quien reconstruyó el fuerte y, bajo su mando, los pobladores comenzaron a edificar el Cabildo. Este tercer gobierno se extendió hasta el 21 de diciembre de 1609, cuando llegó un nuevo titular Diego Marín Negrón, que acabaría sus días asesinado, en pleno ejercicio de sus funciones. De nada valieron las malas intenciones de los enemigos de Hernandarias ya que el juicio de residencia arrojó, por segunda vez, una administración más que impecable, razón por la cual, se retiró a su residencia particular de Santa Fe, junto a su familia, en espera de nuevos acontecimientos.
Hernandarias fue gobernador por cuarta vez, por designación fechada el 7 de septiembre de 1614. Se hizo cargo de esas funciones en su casa de Santa Fe el 3 de mayo de 1615 e inmediatamente después se trasladó a Buenos Aires, a la que llegó el 29 de mayo de ese año. En esta nueva oportunidad, adoptó enérgicas medidas en defensa del vecindario y su comercio, razón por la cual, expulsó de la ciudad a judíos portugueses que simulando ser católicos practicantes, ejercían el contrabando en desmedro de la economía regional.
De este período dice el historiador Raúl A. Molina: “…la muerte de Martín Negrón había acentuado la política del fraude aduanero iniciada bajo su gobierno; y durante la actuación de su sustituto Mateo Leal de Ayala, se formó el famoso cuadrilátero, que mantuvo a esta ciudad en el desafuero y la violencia.“Hernandarias inició el proceso con el título ‘de los excesos y desórdenes del puerto de Buenos Aires’ a cuya trascendencia debemos atribuir todas las calamidades que ocurrieron en la ciudad desde entonces y que debían alcanzar casi un siglo de duración.“Simón de Valdés fue desterrado a España, Vergara y Diego de Vega huyeron al Alto Perú y muchos vecinos fueron procesados; a tal punto llegó que se paralizaron las pesquisas por extinguirse las existencias de papel.
Hernandarias repuso las ordenanzas de la Metrópoli, y al fin, después de comprobar la resistencia de los complicados, asistió a las luchas del vecindario entre beneméritos y confederados, origen de los dos primeros partidos de vida política argentina, y también a los asesinatos del alguacil Guadarrama y otros en que hasta su misma vida corrió peligro. Por último, repartió las nuevas permisiones entre los vecinos y, colocado en la gobernación con el título de Juez Pesquisidor con que lo invistió la real audiencia de Charcas, se instituyó en juez implacable de los contrabandistas”.
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Modificado el ( martes, 25 de marzo de 2008 )
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